Este año, mis hijos y yo vivimos en Frisco durante seis meses y hoy regresamos a nuestra casa en Argyle. Durante mi estancia en Frisco pude explorar la ciudad y descubrir muchos lugares maravillosos. Mi favorito, por supuesto, fue la iglesia católica de San Francisco de Asís. San Francisco cuenta con una comunidad muy grande y dinámica; allí se celebran 12 misas cada domingo, cuatro de ellas en español. El Domingo de Pascua asistieron más de 25.000 feligreses; las filas eran más concurridas que las de Disneyland. Me encantó.

Y mi segundo lugar favorito fue la tienda Frisco Mercantile, que es la tienda de artículos en consignación más grande en la que he estado.

Pasé muchos de mis sábados sin los niños recorriendo toda la tienda.

Hay tantos objetos con sus propias historias amontonados en un mismo lugar; estoy segura de que hubo muchos con finales felices, algunos con historias inconclusas y, tal vez, incluso otros que ni siquiera tuvieron la oportunidad de comenzar.




¡Pero mi pieza favorita era una estatua de San Francisco de Asís que estaba justo en la entrada de la tienda!

La estatua está dañada. Al pajarito que lleva en el hombro le falta la cabeza, y tanto su vestimenta como el corderito que está a su lado tienen una mancha de pintura marrón. Esta estatua es muy pesada; estoy segura de que pesa tanto o incluso más que yo.

Ayer, en mi última noche en Frisco, pude asistir a un hermoso concierto en honor a San Francisco de Asís.

¡Y hoy he podido colocar un hermoso compañero para mis angelitos en el jardín de enfrente! Será precioso ver cómo los pájaros de verdad se acerquen a beber agua de sus manos, y el árbol de magnolia que pronto plantare allí combinará a la perfección con el toque de pintura marrón de su vestido y del pequeño cordero.